lunes, 1 de abril de 2013

En respuesta a Antonio José Caballero


Apreciado reportero y columnista Antonio José Caballero

Envío esta nota personal sin interés alguno en rectificaciones y como siempre con profundo respeto por el derecho a opinar libremente, sobre todo cuando esa opinión sale de una de las plumas periodísticas más experimentadas de Colombia y que sin duda, además, actúa como siempre lo ha hecho, de buena fe. Sobraría decir que estamos de acuerdo en la urgencia de la paz y sobraría, si no fuera porque usted se pregunta en la última columna de El País, ¿Qué aportó la Comisión de congresistas que se reunió en La Habana a instancias del presidente Santos y del Alto Consejero para la Paz, Sergio Jaramillo?

Estoy seguro que usted no sabe que reemplacé a Piedad Córdoba como presidente de la Comisión de Paz del Senado hace ya más de 2 años -y que en ejercicio de esas responsabilidades-, desarrollamos más de 40 foros y audiencias públicas, bajo el lema “Legislar para la Paz”. Que al primero de ellos, organizado con la Revista Semana el día 23 de mayo de 2011, animamos al presidente Santos a asistir, a pesar de que en esa temprana hora de su gobierno el tema de la paz parecía difícil de priorizar, -siendo el suyo el gobierno heredero de la Seguridad Democrática-. Felizmente, el presidente  Santos asistió y los foros derivaron en unas mesas de trabajo que coordinó el hoy Fiscal General, Eduardo Montealegre, en su condición de ex presidente de la Corte Constitucional. De allí nació el Marco para la Paz o Marco de Justicia Transicional, el cual presenté como iniciativa legislativa, con mi firma, bajo mi responsabilidad y en compañía de nueve legisladores más. Hoy, después de un año de difícil pero exitoso trámite, esa reforma aprobada es el hecho constitucional que permitió abrir la mesa de diálogo de la Habana. Luego, como  sabe el país, organizamos desde el Congreso las Mesas Regionales de Paz, cuyos resultados fueron coordinados con Naciones Unidas y que contiene más de 3000 propuestas de colombianas y colombianos de nueve regiones del país, que fueron entregadas a través de los países amigos a los negociadores. En esta última etapa consideré -y sigo considerando- indispensable cambiar las balas por la palabra. Para eso es inevitable la participación política y ésta sólo puede lograrse en las Democracias, por medio de elecciones legítimas. Tales elecciones son en marzo y mayo. Es un mandato constitucional.

De otra parte, NO podrán las Farc, ni ningún grupo ilegal, participar en elecciones sin haber resuelto su situación jurídica, a través de una ley estatutaria que tendría que aprobarse en el segundo semestre de este mismo año. El Congreso que presido decidió no aprobar ni una coma de ninguna ley que otorgue beneficio alguno a las Farc, mientras no liberen a todos los secuestrados y mientras no firmen el acuerdo de paz. Está escrito. Por esta razón resolvimos plantearle al Gobierno que el anuncio de considerar el mes de noviembre, como una fecha posible para la firma de ese acuerdo es un error que sólo deja planteadas posibilidades extralegales o jurídicamente inestables, para permitir esa participación política; y me refiero  en particular a la caja de pandora de una constituyente o a la fragilidad de unos decretos de conmoción interior para restituir curules de la UP. A eso fuimos a la Habana, a decirle a las Farc que se equivocan si piensan en diálogos eternos, a explicarles el Marco de Justicia Transicional que no conocían, y a decirles –asunto en el que insistió con vehemencia- que el segundo punto no puede ser el de la participación política, sino el reconocimiento de las víctimas, por eso a partir del 9 de abril avanzaremos en la segunda ronda de las Mesas Regionales de Paz cuyo tema central serán, por supuesto, las víctimas. Así que esa visita no fue coyuntural ni aislada, sino fruto de un trabajo intenso  de construcción de escenarios para la paz en el que perseveraremos.

 De usted con aprecio.


Roy Barreras
Presidente del Senado

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